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lunes, 1 de febrero de 2010

Perspectiva de género, mujer y homosexualismo: falsos tópicos



Vivimos de tópicos, posiblemente cada vez más. En la medida que la sociedad pierde sentido crítico entendido como la capacidad para elaborar juicios propios, el tópico tiende a crecer. Lo que sucede es que pueden ser ciertos o erróneos. Quiero referirme a dos que además tienen la característica de ser muy políticamente incorrectos.
Se trata de la correlación que se hace desde la perspectiva de género entre el grado de democracia de una sociedad y el papel público que en ella posee la mujer y la correlación que se hace entre su emancipación y la asunción del homosexualismo en su dimensión social, en su reconocimiento colectivo. Ambas afirmaciones son históricamente erróneas.
Esta teoría histórica que plantea como dogma la ideología de género lo es todo menos fruto del análisis histórico.
En Esparta, una sociedad absolutamente militarizada, y en la sociedad etrusca, regida por un sistema aristocrático restringido, la mujer tenía un papel público mucho mayor que en la democrática Atenas y la Roma republicana. En la sociedad ateniense de la cual todavía sacamos enseñanzas sobre nuestra democracia, sobre todo de la mano de Aristóteles, la mujer era un ser de segunda clase y su vida transcurría prácticamente encerrada en casa. De hecho, su rol era semejante al que hoy tienen en las sociedades islámicas más cerradas. En el caso de la Roma republicana la situación no era tan grave pero su vida estaba muy constreñida. El padre o el marido eran los dos polos que ordenaban su existencia. En la Edad Media, bajo el sistema feudal, las mujeres alcanzaron una singular importancia. Como reinas o señoras su papel público existió y fue en muchos casos determinante. Aunque no encaje con la pretensión del feminismo radical, Isabel la Católica mandaba, y mucho, y en ningún caso quedó supeditada a su marido.  La corona, la función, pesaba más que su condición de hombre o mujer. También su capacidad, naturalmente.
El homosexualismo tuvo un gran reconocimiento en la sociedad ateniense. De hecho, era una práctica habitual y bien vista, aunque en términos distintos y mucho más acotados que como hoy se entiende. Era la relación de un adulto activo con un joven al que iniciaba en una relación homoerótica. En ningún caso, a pesar de esta asunción, se concibió como equivalente a una relación matrimonial. En este contexto, el matrimonio era visto como una institución necesaria que relegaba a aquel papel secundario a la mujer. El predominio de la homosexualidad no guardó ninguna relación con ningún proceso emancipador, más bien todo lo contrario. En sentido opuesto, en la Edad Media, donde la homosexualidad incluso en el ámbito privado estaba penalizada, la mujer alcanzó una presencia social que estaba en función de su clase, de su posición socio-económica, de su estatus institucional, pero no tanto de su condición femenina.

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